


Me ahogan los pensamientos al tratar de entender los indescifrables códigos de mi corazón. El pobre que ya está cansado de tantas guerras, decepciones y desilusiones, ahora se rebela y se mantiene libre sin querer atarse a nada ni a nadie. Como si un aire de cambio lo hubiese renovado y dicho '¡Sé feliz! Pero no te entregues a nadie'.
Siento que cuando no tengo algo, lo quiero. Cuando lo tengo lo valoro, pero ya no lo quiero. Me di cuenta que si tengo todo, no tengo nada... Y si no tengo nada, lo quiero todo.






























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